CAPITULO 1: Infancia (parte 3)
Primero acudí a la persona que más confianza le tenía y que había tenido alguna experiencia, mi amigo Lucas, el cual no fue de ayuda en absoluto, después de todo el se saco la lotería genética, morocho, ojos verdes, estatura perfecta, y complexión corporal como si hubiese hecho gimnasio toda su vida, a pesar de no hacer nada más que comer. Solo me dijo “no sé, yo me anime y me dijo que si”, y creo que hizo algún gesto como de agrandado por ser “lindo” pero a esa edad, suficiente que pretendía buscar la solución a un problema como para entender algo como eso. Luego pensé en acudir a mi padre, y acá vamos a abrir la primer rama, porque verán, no todo sucede en orden cronológico, y generalmente cuando uno busca una solución a un problema se encuentra con más problemas. Ahora de mas grande entiendo el procedimiento pero en aquel entonces, cada descubrimiento de un problema era como el fin del mundo para mí.
Mi viejo trabajaba unas 8 horas diarias, pero trabajaba en otra ciudad, por lo que tenía unas 3 horas de viaje entre ida y vuelta, se iba temprano a las 4 de la mañana y regresaba a eso de las 16:30 de la tarde, muy muy muy cansado, por lo que llegaba, comía algo, y se iba a dormir un rato. Mi viejo es una persona humilde y muy sencilla, muy inteligente pero dejo la escuela en séptimo grado y un año después comenzó a trabajar, le costaba en aquel entonces (igual que ahora) comunicarse de forma correcta con la gente. Para decirlo de forma sencilla, mi viejo putea como nunca jamás se vio en la vida, aunque no creo que eso sea un inconveniente, para algunas cosas era complicado, trabajaba mucho y siempre estaba cansado, pasaba poco tiempo despierto en casa y generalmente lo hacía mirando algún partido de futbol. El solía ponerse de mal humor cuando había algún problema que requería su atención específica, ya de por si se rompía el lomo trabajando como para además tener que usar su poco tiempo libre en seguir trabajando.
Cuando me senté a pensar en esto, antes de preguntarle algo, me di cuenta de dos cosas, una buena y una mala: en ese momento aprendí el verdadero valor del trabajo, del esfuerzo, de dedicarse a algo y del trabajo en equipo, de cómo mi mama compensaba lo que mi papa no abarcaba y viceversa. Y segundo y no menos importante, de cómo mi viejo no pasaba tiempo conmigo, de cómo nunca jugué con mi papa a la pelota, nunca salí a andar en bici con él, nada… y por consiguiente, ¿cómo iba a hacer para pedirle un consejo a una persona con la que nunca pase tiempo? Claro podría decirle a mi mama entonces mi mama le comunicaría mi duda y mi viejo la respondería, pero antes se enojaría porque alguien esta molestándolo y seria un problema, nadie quería hacer enojar a mi viejo, no era un tipo jodido pero era la típica figura de autoridad máxima, incluso más que el mismo presidente.
Decidí que no iba a decirle nada a mi viejo, aunque por años me quede pensando en las enseñanzas y carencias de mi viejo, demás está decir que nunca lo culpe de no pasar tiempo conmigo, porque gracias a él pasamos crisis económicas, vivimos, y además me dejo uno de los valores más importantes que tengo hoy en día y es la importancia del esfuerzo para sacar adelante una familia, no solo trabajar para conseguir ingresos, sino a esforzarme en la pareja. Pero estaba claro que en aquel entonces consideraba que no podía contar con mi viejo para ese tipo de cosas.
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