CAPITULO 1: Infancia (parte 5)

Y tome lo que fue, quizás, la peor decisión que pude haber tomado y la que cambiaria mi vida hasta hoy, la cual veremos a lo largo de estas páginas porque estaría saltándome todo y terminando el libro muy rápido, y ya saben, me gusta torturarlos así que pretendo que esto dure un poco más.
Decidí hacer caso omiso de las masas, y dedicarme a lo que a mí me gustaba, la ciencia; más específicamente, leer y aprender… claro, sobre toda clase de cosas que un niño de mi edad no está acostumbrado a leer: biología, física, un poco de química, medicina, religiones, cultura. Estaba particularmente atraído por el aspecto de la antropología que estudiaba culturas y religiones de todo tipo, más exclusivamente las primigenias y antiguas, como lo fue la antigua sumeria y Egipto. Y todo esto me llevo a un inevitable tema: magia y mitología. Creo que nunca me sentí tan absorbido por un tema como lo fue ese. Debo haber pasado 2 años leyendo todo lo que encontraba, fui tan feliz. Aunque estaba perdiendo algo de vista. Gradualmente me fui alejando de mis amigos, al punto de no retorno.
Mi infancia culmina con el viaje de egresados de séptimo grado, el cual tuve muchas ganas de hacer hasta que lo hice y solo quería morirme o volverá la seguridad de mi casa, lo que sucediese primero.
Nos toco viajar como compañeros de curso a mí y a otro compañero de clases, por cuestiones de que su hermano trabajaba para una empresa que realiza estos viajes, y nosotros dos viajábamos con liberados, que eran como boletos gratis en aquella época. Así que eso fue lo mejor, mandarme con un montón de gente que no conocía al medio de córdoba, una decisión inteligente por parte de mis padres.
El viaje no tuvo nada épico ni memorable, si íbamos a un boliche éramos solo nosotros, un par de excursiones estúpidas y la fiesta de cierre que fue un toque interesante, la fiesta de la mariposa y el mariposon, donde los hombres se vestían de mujeres y viceversa. Nada especial, me la pase jugando metegol y leyendo, excepto por un pequeño detalle: mi santa madre tenía la creencia de que escuela era igual a piojos.  No estaba muy equivocada pero decidió cortarme el pelo por años directamente con la maquina, y en aquella época el bullying era visto re copado, excepto para el que lo sufría claro, y me toco a mi… se imaginan como, por el corte de pelo, pero el apodo, como sufrí el apodo...  el coordinador del viaje.  Así es, no fue un compañero inocente que no tenia completo conocimiento de lo que hacía, fue un adulto.  Se le ocurrió decirme “cabeza de kiwi” el primer día del viaje. Y así fue, como 44 personas en todo el viaje me llamaban cabeza de kiwi en lugar de Manuel. Obvio que fue de forma despectiva lo cual me aisló bastante, por suerte tenía mis libros que me hacían compañía, y ocasionalmente mi compañero de clase por razones lógicas, (no conocía al resto de la gente).
La mejor manera de terminar mi infancia fue esa, reafirmando que no importa lo que suceda, yo estaba solo.

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