CAPITULO 1: Infancia (parte 4)
Por suerte para mi, tenía dos hermanos varones mayores, bueno, aun los tengo pero estamos hablando de cuando era pequeño. También tenía una hermana, pero no cuenta, la idea era que alguien me diga cómo debería actuar frente a la chica que me gusta. Así que, mis hermanos mayores, Cristian y Gerardo… Cristian tenía una vida completamente aparte y ajena a la mía, metalero, pelo largo, alto, rubio... Me fleto de una. Sus respuestas de índole “no me interesa tu problema” lo dejaron bien claro, era un adolescente de unos 18 años escuchando música y viene el hermano de 12, me saco matando disimuladamente. Gerardo era un poco más accesible, tenía 16, compartíamos el grupo de la iglesia, así que era como que estábamos un toque más unidos, o al menos eso parecía y acá se abre la segunda rama:
En general, la gente de la iglesia éramos todos amigos de todos, lo único es que tanto para mi hermano Gerardo como para mi hermana Rosa, la gente de la iglesia eran su grupo de amigos más importante, y como yo era el niño, tenía más atención. Se ve que en algún punto Gerardo estaba celoso de todo esto, era como la carga que le imponía mi vieja en su grupo de amigos y claramente cuando intente acercarme más de lo que estaba note que a él de verdad le molestaba que yo estuviese con sus amigos. Esto me parecía muy raro realmente, cuanto mucho hasta incluso yo le era útil porque las chicas del grupo siempre hablaban conmigo y con él cuando estaba conmigo y recuerdo algunas veces en donde alguna que otra chica que a él le gustaba se acercaba a causa de que él era un buen hermano por cuidarme…
En la iglesia aprendí muchas cosas y conocí mucha gente, y aunque nadie lo crea, la mayoría de las cosas que aprendí nada tenían que ver con la religión, y la mitad de la gente que conocí, tampoco. Aun conservo algún que otro amigo de allí, gente a la que veo muy poco por supuesto, pero la verdad es que me trataron siempre muy bien, y sin importar ni el día ni la hora siempre estaban las puertas abiertas para que ocupáramos el patio de la escuela o el auditorio y nos reunamos, a hacer lo que nos pareciera, siempre y cuando obvio no ofenda al señor!
Por esos tiempos aprendí a tocar la guitarra, cualidad que me acompañaría por el resto de mi vida en determinados momentos, no soy ni fui lo más frecuente pero generalmente cuando me siento triste siempre tengo mi guitarra conmigo. Hemos pasado largas noches de vigilia cantando todos juntos, algunas canciones de iglesia obvio, porque había gente que si estaba muy dedicada, pero otras canciones también. Siempre todos reunidos, aunque había dos grupos, tal cual en casi cualquier institución existente, estaban los “lindos” o “populares” y “el resto”… si bien todos hablábamos con todos, siempre había algún tema que polarizaba a los dos grupos.
Volviendo al tema que nos compete, con los ahora visibles celos de mi hermano para conmigo por pertenecer a su grupo de amigos, tenía un problema mayor, del cual no me había percatado hasta ese preciso momento en el cual me di cuenta que no podía preguntar a nadie sobre mi primer problema, y ese problema era que, en mi familia no encontraba el apoyo que buscaba, en mis amigos tampoco, y entonces comencé a preguntarme, quizá precipitadamente, ¿porque debería buscar pertenecer a algo con un grupo de gente que en el instante en que necesite algo de ellos, no lo voy a obtener? Suena un poco pretencioso pero es la realidad, yo necesitaba un consejo, y todas las personas capaces de ayudarme solo me ignoraron, no puedo culparlos, estaban en situaciones distintas de la vida y no puedo culpar a nadie por no prestar atención a niño de 12 años en una situación tan trivial para ellos. ese fue mi primer vestigio de pensamiento independiente, ahí comencé a creer dos cosas, primero que la relevancia de un problema es proporcional a la importancia que le dé el portador de dicho problema y no a la visión que tenga el de afuera, y segundo que si quería resolver algo, por desgracia la mejor manera era a método de ensayo y error…
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